Se cuenta la historia de un pequeño ratón que decidió
mudarse a una granja. Los dueños de la granja eran dos ancianos que tenían: una
gallina, un gallo, un cerdo y una vaca.
Al pasar de los días, el dueño de la granja se dio cuenta
que había un ratón en ella, al instante fue a comprar una ratonera para
atraparlo y terminar con él.
El pequeño ratón, al notar el peligro, comenzó a
pedir ayuda. Primero fue al gallinero, pero el gallo y la gallina le dijeron
que no era problema de ellos y continuaron rascando, luego fue donde estaba el
cerdo, éste respondió que no tenía tiempo. Finalmente fue donde la vaca, la
cual le dijo que no podía ayudarle, ya que tenía muchas tareas que hacer.
Al ver que nadie quería ayudarle, el ratón se sentía
decepcionado, pensaba que de un momento a otro iba a caer en la ratonera.
Una noche la esposa del grajero escuchó que la ratonera
había atrapado algo, ella en la oscuridad fue a averiguar, pero la ratonera
había atrampado una serpiente y la mordió. La señora cayó en cama muy grave.
Para tratar de reanimarla, el granjero cocinó un caldo de
gallina y al otro día coció una sopa de gallo.
Las visitas llegaban a ver a la señora enferma y el granjero
decidió cocinar el cerdo para darles de comer. Pero, aún con los cuidados, la
señora empeoró y finalmente murió. Entonces el granjero tuvo que vender la
vaca, a un destazadero, para pagar los gastos fúnebres.
Dios nos enseña que debemos ayudar a los necesitados, a los
desprotegidos y a todos aquellos que buscan de nuestra ayuda.
Pero la ayuda no únicamente aplica para las personas, sino
también al planeta que Dios nos ha dado para cuidarlo. Pueda ser que te no
importe gastar los recursos naturales de una forma desmedida, o arrojar basura
en lugares inadecuados y contaminar el ambiente.
Al final esas malas prácticas traerán consecuencias que no
solo afectarán a nuestra generación, pero también a las futuras, incluyendo probablemente
a tus hijos y nietos.
Debemos aprender a dejar de lado nuestra indiferencia y no
esperar que otro haga el trabajo que Dios nos ha encomendado hacer.
Fuente: Huellas Divinas

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